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Alimentación de niños y adolescentes

Tanto la infancia como la adolescencia son periodos de especial crecimiento y desarrollo en los que los requerimientos de energía y nutrientes se incrementan.

Actualmente la alimentación de niños y adolescentes tiene, además, un carácter preventivo debido a los problemas de sobrepeso y obesidad que se presentan con mayor incidencia que en otras épocas.

Muchas enfermedades crónicas en la edad adulta están muy relacionadas con la nutrición (obesidad, diabetes, dislipemias.) por lo que la prevención en la infancia y adolescencia se convierte en una necesidad. Este es un buen momento para la instauración de hábitos de vida saludables.

Durante el primer año la alimentación del niño es más estricta pero a partir del segundo año de vida se comienza a instaurar el patrón que marcará la pauta alimentaria a lo largo de su vida y que dependerá, en gran medida, de los hábitos, gustos, costumbres, disponibilidad de alimentos y patrón cultural de la familia y de su núcleo social.

Aunque el crecimiento es continuo, a lo largo de la infancia y la adolescencia se dan diferentes fases o etapas en las cuales van variando las necesidades nutritivas y de energía:

  1. HASTA LOS DOS AÑOS: crecimiento rápido.
  2. EDAD ESCOLAR. crecimiento más lento entre los 3 años y la pubertad.
  3. ADOLESCENCIA: otro periodo más rápido, con el clásico “estirón”.

HASTA LOS DOS AÑOS

En los dos primeros años se produce un gran desarrollo físico. A los 5 meses el niño ya ha duplicado su peso y lo ha triplicado al año. También aumenta mucho en longitud.

A este enorme crecimiento se le suma la inmadurez de los aparatos y funciones fisiológicas que necesitan una etapa de maduración, como los dientes que no empiezan a salir hasta el segundo semestre o la maduración del sistema digestivo que no se hace eficaz hasta los dos años. También a nivel renal el bebé tiene una gran inmadurez. Este hecho condiciona la alimentación de los niños que se va produciendo en etapas de forma progresiva con el fin de ir adaptándose a los cambios de maduración fisiológica y psicológica que se van produciendo en el niño. Abarca desde que el niño es un bebé alimentado solamente de leche hasta que se va conformando su patrón alimentario.

PERIODO LÁCTEO

Es el primer periodo que encontramos en la alimentación de los niños en el cual el bebé se alimenta casi en exclusiva de leche, bien materna o bien de leches adaptadas. El niño se considera lactante el primer año de vida aunque a partir de los 5-6 meses ya se comienza a introducir alimentos distintos a la leche.

Desde el punto de vista fisiológico la mejor manera de alimentar a un bebé o lactante es la leche materna que está adaptada de manera biológica a las necesidades del niño.

La leche materna es un producto con unos porcentajes adecuados de macro y micronutrientes, así como de energía que satisface las necesidades del niño sobre todo hasta el sexto mes en que de manera progresiva se comienza a introducir otros alimentos diferentes a la leche. Desde el punto de vista nutricional los únicos nutrientes que no quedarían cubiertos con la leche de la madre son las de vitamina K, hierro y vitamina D.

La leche materna frente a la leche de vaca presenta unas características nutritivas diferentes:

  • Una proporción de proteínas más baja aproximadamente 0,9 g. por 100 ml. frente a los 3,5-4 g. por 100 ml. que tiene la leche de vaca.
  • Un mayor contenido de lactosa (7,4 por 100 ml. aproximadamente frente a los 5 de la leche de vaca).
  • Una composición de ácidos grasos diferente, ya que en la leche de vaca predominan los ácidos grasos saturados (AGS) y en la lecha materna predominan los ácidos grasos poliinsaturados (AGP) como el linolénico.

Al hecho de ser un producto biológicamente adecuado para la alimentación del lactante se unen otras ventajas de la lactancia materna:

  • Mayor capacidad inmunológica de la leche materna.
  • Aporte de factores de crecimiento y hormonas gastrointestinales que podrían favorecer la maduración del sistema digestivo.
  • La lactancia favorece una mejor relación afectiva de la madre con el niño.

Cuando la lactancia materna no es posible se usan leches adaptadas. Son las leches de fórmula cuya materia prima es sobre todo la leche de vaca modificada nutricionalmente para adaptarla a las necesidades de los bebés y que se van adaptando a las distintas etapas de requerimientos nutricionales y maduración fisiológica. Así encontramos:

  • Preparados para lactantes (leches para lactantes si solo tienen proteínas de leche de vaca). Hasta los 4-6 meses.
  • Preparados de continuación (leches de continuación si solo contienen proteínas de leche de vaca). Niños con más de 4 meses.
  • También existen las leches de crecimiento o fórmulas 3 a partir del primer año de vida. Son líquidas pero han sido adaptadas, con menos proteínas, con grasa de origen vegetal sustituyendo a la grasa saturada de la leche de vaca y están enriquecidas con vitaminas y minerales.

Preparados especiales: en algunas ocasiones se presentan problemas médicos como intolerancia a alguno de los nutrientes de la leche, problemas de absorción o problemas digestivos. En estos casos es necesario dar al bebé preparados especiales adaptados a su patología. Sería el caso de las fórmulas para los lactantes pretérmino que tienen un contenido energético y de proteínas mayor, fórmulas sin o con bajo contenido en lactosa, fórmulas antirreflujo que contienen espesantes, fórmulas de soja cuando hay intolerancia a la lactosa, galactosemia, etc. En los casos de alergia o intolerancia a las proteínas de la leche de vaca se suelen dar preparados con hidrolizados de leche de vaca.

PERIODO PROGRESIVO

A partir de los seis meses la fisiología del bebé va madurando. Aunque la leche continua siendo el alimento principal se van introduciendo, de manera progresiva, alimentos distintos de la leche materna o los preparados lácteos con el fin de satisfacer la necesidades de energía y nutrientes.

No solo cambia la composición de la dieta del bebé sino también su consistencia de manera que de una alimentación exclusivamente líquida se comienza a introducir alimentos con una consistencia diferente. Primero se introducen alimentos de consistencia semisólida y después sólida.

Los alimentos nuevos se van introduciendo en pequeñas cantidades y de forma separada para detectar posibles alergias.

El primer grupo de alimentos a introducir suelen ser los cereales sin gluten (arroz y maíz) La denominación de cereales para niños se hace extensivo a algunas semillas como cacahuete, sésamo y soja. Son alimentos ricos en almidón, proteínas o vitaminas del grupo B.

Después suelen introducirse las frutas y las verduras preparadas en papillas. Hay que tener cuidado con las verduras más ricas en nitratos como son las espinacas, las zanahorias o la remolacha.

Las carnes se suelen introducir hacia los seis meses. Se comienza por el pollo que es menos alergénico y después la ternera o el cordero.

Pescados y huevos suelen introducirse de forma más tardía. Hacia los 8-10 meses el pescado y hacia los 10-12 meses el huevo porque son alimentos muy alergénicos.

Los yogures se introducen hacia los 12 meses y el queso no es aconsejable por su alto contenido graso.

Las legumbres se suelen introducir entre los 9 y 12 meses.

 

PERIODO ENTRE 1 Y 2 AÑOS

Ya no hay un crecimiento tan intenso, la alimentación es ya muy parecida a lo que será posteriormente. Se empiezan a instaurar los gustos y el patrón alimentario del niño.

ALIMENTACIÓN DEL NIÑO A PARTIR DE LOS DOS AÑOS

PERIODO PREESCOLAR

De los 2 a los seis años

Hay un crecimiento más lento que en la etapa anterior pero las necesidades de energía y algunos nutrientes como las proteínas siguen siendo superiores a la de los adultos. El patrón alimentario de los niños se acaba de formar en esta etapa y está marcado por el propio proceso madurativo del niño.

Los niños aprenden por imitación de los adultos y este hecho también afecta a la alimentación.

El niño aumenta su actividad física.

PERIODO ESCOLAR

Desde los 7 a los 12-14 años.

Edad en que los niños entran en la pubertad. Se produce un crecimiento diferente entre los 7-10 años más lento y los 11-14 en que algunos niños están entrando en la adolescencia y el crecimiento es más intenso.

En este momento la actividad física es intensa lo que aumenta las necesidades de energía y nutrientes.

Muchos niños comen en la escuela por lo que habría que vigilar los menús escolares y vigilar que el niño coma adecuadamente en cuanto a calidad y cantidad. Algunos niños sin vigilancia en los comedores escolares no ingieren la ración adecuada de alimentos. Otros, en cambio, abusan de las cantidades o toman solo los alimentos que les gusta. El niño puede adoptar hábitos y costumbres que pueden ser perjudiciales para su salud, por ejemplo, empezar a comer poco para no engordar y que puede conducir a una posterior anorexia en la adolescencia.

La familia puede vigilar las cenas de manera que se hagan complementando las comidas en cuanto a las recomendaciones de ingesta de los grupos alimentarios (pescado si han comido carne en la comida, etc.) Que los desayunos que sean suficientes y variados con el fin de que el niño tenga un buen rendimiento durante la mañana y aprenda hábitos saludables.

También puede vigilar la familia la media mañana o bocadillo del recreo. Si es posible, que lo lleve de casa para que sea más saludable y frenar la tendencia a la ingesta de bollería industrial muy rica en grasas saturadas y claramente aterogénica y obesogénica. Lo mismo se puede decir de las meriendas.

ADOLESCENCIA

Época de intenso crecimiento en el cual se produce el llamado “estirón” que se manifiesta en el crecimiento en longitud pero también en la masa corporal.

Se producen cambios en la composición corporal con una clara diferencia entre los sexos los chicos aumentan su masa magra músculo y hueso mientras que en las niñas aumenta mucho el tejido graso. Esto va a influir en las necesidades energéticas puesto que el tejido magro consume una cantidad mayor de energía que el tejido graso.

Es importante vigilar la conducta alimentaria de esta población ya que puede darse una tendencia a una ingesta poco adecuada de picoteo y de consumo de alimentos tipo snack o de comida rápida de alto contenido calórico.

También pueden darse ingestas poco equilibradas y muy desordenadas en las que se coma poco en las comidas y se picotee, que no se consuman alimentos necesarios como hidratos de carbono por el miedo a engordar, o que se prescinda de los desayunos.

También es un momento en que se empiezan a hacer dietas sin control de profesionales que han visto en Internet o les ha dicho una amiga.Esta conducta además de conducir a patologías como la anorexia y la bulimia puede instaurar hábitos poco saludables que tendrían una repercusión en la edad adulta.

En esta época se comienza el consumo de alcohol y tabaco.

Los adolescentes son una población vulnerable que puede ser fácilmente convencida por la publicidad. Pueden abandonar el consumo de alimentos básicos para alimentarse de otros alimentos que, a través de la publicidad, pueden resultarles mucho más atractivos (alimentos lights, etc.) Este podría ser un buen momento para hacer educación alimentaria.

REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES

Energía. Las calorías se ajustarán a las necesidades de los niños de forma individualizada. Hay que tener en cuanta que el niño está en periodo de crecimiento y tiene una gran actividad física (en la tabla 1 se exponen las necesidades de energía de niños y niñas entre 0 y 19 años según la recomendaciones para la población española de la Universidad Complutense de Madrid).

Proteínas. Las proteínas son el nutriente imprescindible en la formación y reparación de tejidos por ello no deben faltar en estas edades de máximo crecimiento. Es recomendable que entren en una proporción de 11- 12% del VCT (valor calórico total) de la dieta. Se recomienda que dos tercios sean de origen animal es decir de alto valor biológico y un tercio vegetales (legumbres, cereales, que tienen un valor biológico inferior).

Grasas. Se recomienda que las grasas aporten entre 25 y 35 % del Valor Calórico Total (VCT) y que los AGS no superen el 10 % de este porcentaje.

Hidratos de carbono. Suponen el 50-55 % del VCT de la dieta. Se recomienda un mayor porcentaje de hidratos de carbono complejos y 8-10 % de azúcares.

Fibra. Las recomendaciones están en torno a 25g./día y de forma natural como se encentra en los alimentos cereales completos, fruta, verdura o legumbres.

Calcio. El calcio es junto con las proteínas el nutriente que tiene la función plástica o formadora de tejidos. Su presencia es imprescindible en la formación del hueso, y mucho más en época de crecimiento.

La adolescencia, sobre todo en mujeres, es el momento ideal de hacer una adecuada masa ósea que servirá de prevención frente a enfermedades como la osteoporosis o la esteopenia, que pueden producirse en mujeres en la menopausia o la pérdida de masa ósea en el envejecimiento.

El calcio de la leche es el que tiene una mejor absorción intestinal por lo que en esta época habría que asegurar una adecuada ingesta de leche y derivados que son la principal fuente de calcio de la dieta. También son buena fuente de vitamina D junto con el sol, la mantequilla y los aceites de hígado de pescado ya que esta vitamina es imprescindible en el metabolismo del calcio.

Acido fólico. Es importante en los periodos de rápido crecimiento porque interviene en la formación de ADN. Se encuentra en vegetales de hoja verde.

Ingestas recomendadas de energía y nutrientes.

 

 

Fuente: http://www.naos.aesan.msps.es

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